El amor es como Don quijote: solo recobra la cordura para morir. Quiereme en mi locura...

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miércoles, 13 de abril de 2011

Edwardocho

Había una vez un anciano carpintero que vivía con su gato Jasper y decidió hacerse un muñeco de madera. -Lo llamaremos Edwardocho- dijo contento el anciano Carlisle a su amigo Jacob, un viejo grillo que éra su compañero inseparable, y como estaba tan felíz agarró a Edwardocho y se puso a bailar con él. -Me gustaría tener un hijo como Edwardocho- se lamentó mirando a la estrella de los deseos y se acostó. -Lindo muñeco, despierta a la vida!- dijo un hada llamada Isabella tocando a Edwardocho con su varita mágica- tu Jacob serás su conciencia, dijo el hada antes de desaparecer. ¡Que alegría se llevó Carlisle! Éra un muchacho de verdad. -Irás a la escuela- le dijo. A medio camino dos estafadores, Marco y Cayo Vulturi, viéron a Edwardocho y les pareció muy raro un muñeco de madera que pudiera hablar. -Podríams venderlo al circo- se dijeron. Se acercaron a Edwardocho y aunque Jacob los siguió, no pudo evitar que lo encerraran en una jaula. De pronto apareció el hada y le preguntó a Edwardocho lo sucedido. Éste no hacía sino contarle historias fantásticas, llenas de embustes... pero según decía una mentira su naríz crecía y crecía. Se le hízo tan grande que empezó a llorar porque comprendió que había hecho mal. Y el hada, viendo que Edwardocho estaba arrepentido, tocó la enorme naríz con su varita mágica y la hízo desaparecer al tiempo que lo sacó de la jaula. De vuelta a casa, Edwardocho se encontró de nuevo con los dos estafadores que de nuevo lo engañaron y se lo llevaron hásta la isla del placer. Aquella isla éra como un enórme parque de atracciónes, con montañas de helados, árboles llenos de caramelos. Jacob grillo, como siempre había ido tras él. Le aconsejaba que volvieran a casa pero Edwardocho no le hacía caso. Jacob grillo quíso averiguar lo que sucedía en la isla y escuchó a uno de los hombres decir: -¡Que se diviertan lo que quieran! Cuando se conviertan en burros, los venderé. Así, Jacob fué a avisarle a Edwardocho, pero ya éra tarde. Ya tenía las orejas largas y picudas y un gran rabo que le llegaba hasta el suelo. -¡Edwardocho! ¡Edwardocho! ¡Salgamos de aquí cuanto antes! Y se tiraron al agua para escapar de aquella isla terrible. Nadaron y nadaron hasta que encontraron una botella que dentro llevaba un mensaje pidien do auxilio. Éra de Carlisle que había salido a rescatar a Edwardocho y que en mitad del mar fué tragado por una enórme ballena. -Tengo que salvarlo- dijo Edwardocho arrojándose al agua. Nadó y nadó hásta que se encontró con la ballena, que venía con la boca abierta comiendo toda clase de peces, y, aprovechado la ocasión entró al estomago de la ballena. Allí encontró a Carlisle y se puso a llorar después de contarle todas sus desventuras. Tan rápido como pudo amontonó los restos del barco de Carlisle y le prendió fuego, de tal manera que el humo hízo estornudar a la ballena y así expulso a sus incómodos huéspedes. -¡Nademos rápido hasta la orilla!- dijo Carlisle. Pero el anciano no tenía fuerzas y Edwardocho le ayudó hásta que perdió el aliento. -Por salvarme a mí has sacrificado tu propia vida- decía Carlisle llorando por Edwardocho. Cuando de repente apareció el hada, quien dijo: -Un muñeco que ha sido tan valiente y ha demostrado tan buenos sentimientos merece ser un niño de verdad, ¡Que se haga realidad el deseo de Carlisle! -Papa, ¡Papá! mírame soy un niño de verdad- decía Edwardocho emocionado. Désde entonces, Edwardocho ha sido el mejor y más cariñoso de cuántos hijos han existido.

1 comentario:

Carolina Gómez dijo...

No puedo creer que hicieras eso... pensé que era broma!!