El amor es como Don quijote: solo recobra la cordura para morir. Quiereme en mi locura...

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viernes, 15 de julio de 2011

Amar es destruir. Capítulo 4, Bad Obsession

Capítulo 4

Bad Obsession

POV EDWARD

-Vamos, Eddie. No seas gruñón. Por favor, por favor, por favor.-suplicó Emmett, haciendo carita del gato de Sherk. Esta vez no iba a funcionar por mucho que me lo implorara.

-No, Emmett. Sabes que odio ese tipo de música.- La música Rock no era lo mío. Era demasiado ruidosa y alocada para mi gusto. Yo prefería la música clásica, Debussy y otros donde el glorioso piano creaba una hermosa melodía a partir de notas suaves y encantadoras. A diferencia del repiqueteo intenso de la batería y las notas desagradables y monstruosas que salían del bajo y la guitarra eléctrica.

-Eddie ven conmigo. No dejaras a tu mejor amigo solo en una noche de sábado, aburriéndose en su casa ¿o sí?-asentí. Él gruñó.-Además es “Bad Obsession”.-me enseñó el panfleto rojo que rezaba: “Bad Obsession. Te llevara directo al inferno!” , “Esta noche en MIL (Music is life)”

-Emmett, no tienes idea de que es “Bad Obsession”. Todas las bandas que se presentan en “MIL” son grupos desconocidos y pésimos que buscan a alguien tan tonto com para sacar su fea música de la oscuridad.- repuse.

-Tienes razón, pero “Bad Obsession” es diferente, nos llevaran directo al infierno.-dijo usando el eslogan del grupo.- asimismo mira las chicas del panfleto, están como no las recetó el doctor.-observé el volante. Mi amigo tenía razón las tres chicas estaban lindas, a las dos laterales se les podía observar la cara, pero a la de la mitad, al parecer la cantante principal, posaba dándonos la espalda a nosotros y enseñándonos su escultural cuerpo, mientras le daba la cara a su banda.

-Sabes que estoy con Tanya.- repliqué recordándole a mi amigo a mi querida prometida que el tanto detestaba, incluso le llamaba la fiera.

-Eso no impide que te des tus escapaditas de vez en cuando. Recuerda que aun no estás casado. Hay que disfrutar.- argumentó él, igual de mujeriego como siempre.

-No Emmett, no quiero ir y es mi última palabra.-dije serio. Él agarró las llaves de mi Volvo del compartimento de mi mochila.

-Si no vas conmigo, tendré que molestarme en hacerle un pequeño rayoncito a la pintura impecable de tu Volvo, Eddie.- sonrió malévolamente. Golpe bajo. No iba permitir que Emmett se metiera con mi auto, sabía de sus alcances y también de su fuerza como para arriesgarme a conseguir mis llaves. Asentí débilmente con la cabeza, rindiéndome.

-Así me gusta, Eddie. Pasaré por ti a las diez.- me lanzó las llaves de mi Volvo y se fue hacia su jeep rojo.- ponte lindo para mi, querido.- me gritó burlándose, ya en el asiento del conductor.

-Ѽ-

El sitio estaba abarrotado de mesas y una gran tarima con luces. Éramos uno de los primeros en llegar, cosa que me disgustó, Emmett me había presionado para salir a las nueve por su loca idea de conseguir un autógrafo de las chicas de la banda como pretexto para ligárselas.

Me senté en una de las sillas metálicas muy cerca de la tarima, mientras que Emmett se colaba en los camerinos por llamarlos así. De repente volvió mi amigo acompañado de un guardia de seguridad grandote y un rasguño bien grande en su mejilla.

-Si no te saco es porque este lugar necesita más clientela.-espeto el guardia de seguridad, empujando a mi amigo hacia una de las sillas cerca de la mesa en la que yo me había acomodado. El guardia se marchó y Emmett volvió hacia mi tambaleándose.

-¿Qué pasó?- pregunté.

-Una de las chicas me agredió.-dijo con una mirada inocente, que no me tragué.

-¿Qué le hiciste, Emmett?

-Nada, nada. Yo solo quería un autógrafo o algo más…

-Eres un imbécil.-me burlé y tomé un poco de mi cerveza.- eso te pasa por buscar lo que no se te ha perdido.- Emmett me dio un fuerte golpe en el hombro y se fue rumbo a la barra a pedir algo.

-Bienvenidos a Music is life!.-dijo un chico con un micrófono en la tarima.-¿ Listos para el rock?- preguntó intentado animar la noche. Nadie respondió.

-Deje la basura de la presentación, queremos música.-gritaron de las mesas de atrás.

-Si.-repuso otro. El chico del micrófono frunció el ceño.- Den le la bienvenida a “Bad Obsession”- unos pocos aplaudieron atentos a la presentación, Emmett chifló enloquecido.

-Siiii!!!-gritó Emmett.

Al tiro aparecieron cinco siluetas en el escenario, tres femeninas y dos siluetas grandes masculinas. Las pocas luces que habían fueron apagadas dejando solo las de la tarima.

-Esta es una canción que para mí es el himno del rock, disfrútenla.-dijo una voz femenina muy familiar. Pero que no logré identificar. Las luces de repente se enfocaron en ella y la vi con claridez. Mierda! Esa era Bella, ¿desde cuándo tenía un grupo rock?

El sonido estruendoso de la guitarra y el bajo, dando inicio a la canción me sacó de mis reflexiones. Luego se le unió la voz de Bella.

Da clic aquí para escuchar la canción

Lo vi bailando allí por la máquina de grabar
yo sabía que el debe tener alrededor de diecisiete
El golpe que le dio era fuerte
Reproduciendo mi canción favorita
Y me di cuenta que no pasaría mucho tiempo
Hasta que el estaba conmigo, yeah conmigo, cantando

Cuando Bella se dio cuenta de mi presencia entre el público me dedicó una sonrisa sensual.


Yo amo el Rock N' Roll
Así que pon otra moneda en el reproductor, nene
Yo amo el Rock N' Roll
Así que ven toma tu tiempo y baila conmigo

Ow!
El sonrió así que me levante y pregunte por su nombre
Eso no importa, dijo, porque todo es lo mismo

Dijo, puedo llevarte a tu casa donde podamos estar solos

Y luego nos fuimos
El estaba conmigo, si conmigo

Luego nos fuimos
El estaba conmigo, si conmigo, cantando

Me sorprendí levantándome al igual que el resto de mi asiento para cantar I love rock n’ roll, me sabía a medias la canción gracias a Emmett. Pero Bella me enviaba esos choques eléctricos que me hacían sentirme lleno de adrenalina


Yo amo el Rock N' Roll
Así que pon otra moneda en el reproductor, nene
Yo amo el Rock N' Roll
Así que ven toma tu tiempo y vaila conmigo

Dijo, puedo llevarte a tu casa donde podamos estar solos

Luego nos fuimos
El estaba conmigo, si conmigo,
Y lo tendremos que pasar
Y cantando la canción de siempre
Si conmigo, cantando

Yo amo el Rock N' Roll
Así que pon otra moneda en el reproductor, nene
Yo amo el Rock N' Roll
Así que ven toma tu tiempo y baila conmigo (x5)

En cuanto la canción acabó el lugar se llenó de aplausos y silbidos.

-Otra, otra- corearon al unísono los presentes, no pude evitar hacer lo mismo. Bella asintió y comenzó a entonar otra canción. Emmett me dijo que su nombre era Knocking on heavens door.

Da clic aquí para escuchar la canción

-Esta canción.-exclamó Bella luego de una serie de aplausos al terminar la canción.- Es algo diferente a las otras. Pero lo que importa es que nos dice que siempre vamos a tener a alguien con nosotros incluso en una maldita noche fría.

Da clic aquí para escuchar la canción

Una melodía más suave irrumpió en el lugar acompañada de la voz casi susurrante de Bella.

Estoy parada en un puente
Esperando en la oscuridad
Pensé que estarías aquí ahora
No hay nada mas que la lluvia
No hay huellas en la tierra
Estoy escuchando pero no hay ningún sonido

No hay alguien tratando de encontrarme?
No vendrá nadie a llevarme a casa?
Es una maldita noche fría
Tratando de encontrar sentido a esta vida
No me tomarás de la mano?
Llévame a un lugar nuevo
No se quién eres
Pero, estoy contigo
Estoy contigo

Estoy buscando un lugar
Buscando una cara
Hay alguien aquí que yo conozca?
Porque nada esta saliendo bien
Y todo es un lío
Y a nadie le gusta esta solo

A medida que ella continuaba con la canción me sentí identificado con ella. Todos los recuerdos de la primera vez que nos vimos.Esa era nuestra canción…



No hay alguien tratando de encontrarme?
No vendrá nadie a llevarme a casa?
Es una maldita noche fría
Tratando de encontrar sentido a esta vida
No me tomarás de la mano?
Llévame a un lugar nuevo
No se quién eres
Pero, estoy contigo
Estoy contigo

Oh, porqué todo es tan confuso?
Quizá solo estoy loca
Si, si, si

Es una maldita noche fría
Tratando de encontrar sentido a esta vida
No me tomarás de la mano?
Llévame a un lugar nuevo
No se quién eres
Pero, estoy contigo
Estoy contigo

Tómame de la mano
Llévame a un lugar nuevo
No se quién eres
Pero, estoy contigo
Estoy contigo

Tómame de la mano
Llévame a un lugar nuevo
No se quién eres
Pero, estoy contigo
Estoy contigo
Estoy contigo…

-Estoy contigo, mi insana obsesión.-susurré en medio del caluroso agradecimiento del público.


NO OLVIDEN COMENTAR!!




martes, 17 de mayo de 2011

Amar es destruir. Capítulo 3, La cena.

Summary: Edward Cullen, un estudiante de medicina con un excelente futuro por delante, con una vida perfecta. Isabella Swan, una cantante de rock, con una promesa dolorosa. No volver a amar. Rebelde, atrevida y sin temor a decir lo que piensa, ella le dará un vuelco a toda su realidad... Dos polos opuestos reacios a caer en las redes de un amor prohibido.

Capítulo 3

La cena


Nota: por cuestiones de redacción, la historia de ahora en adelante será escrita en primera persona. Para mí, como autora, es mucho más fácil escribirla de esta manera, y me siento mucho más cómoda y espero que ustedes también disfruten la historia de esta manera.


Me quedé petrificada en la escalera. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, sin embargo; era demasiado real, para estar soñando. Aquellas hermosas esmeraldas me observaban fijamente; sus ojos eran una mezcla de sorpresa, ira y algo puro e inexplicable que no lograba descifrar. Pero era lo suficientemente fuerte para desnudarme el alma. Sentía que el odio se iba disipando poco a poco, los nervios, el rencor, la falsedad. Todo se iba consumiendo hasta volverse nada incluyendo mi seguridad, que a pesar de mis fuertes esfuerzos por encontrarla dentro de mí, esta se rehusaba a aparecer.

Lo recordaba y estaba cien por ciento segura de que él lo hacía también, aunque eso me hacia preguntarme ¿por qué? Ya que para él yo solo había sido una jovencita loca que se había arrojado a sus brazos en busca de un poco de cariño, de igual manera que lo hace un perrito callejero.

-Edward…-le susurré a la nada, perdiendo el aliento.- él seguía siendo el mismo de antes. Recordaba su imagen en un rincón de mi mente acompañada de mi lastimoso pasado, pero aquella imagen de él, aun seguía teniendo la misma nitidez, como en el día en el que lo había visto por primera vez. Podría retratarlo en una pintura, con cada detalle de su cuerpo y su rostro si así lo quisiese.

Los recuerdos comenzaron a agolparse con avidez en mi memoria y fui absorbida por esa gran bruma del pasado.

_FlashBack_

-Tengo que irme.-murmuró tazando mi mejilla con suma suavidad, como si yo fuera algo que se pudiera romper con tan solo el suave susurro del viento. Su voz a diferencia de las otras veces se escucho ronca. Para el era un momento incomodo.

-Quédate un poco más- le pedí. No quería dejarlo ni ahora ni nunca, estar junto a Edward se sentía tan bien. El era como mi anestesia… curaba todo lo que atormentaba a mi cabeza y corazón solo con su presencia.

Mi razón me decía que estaba mal lo que estaba ocurriendo, era extraño andar diciéndole a un desconocido que te habías topado en un parque mientras rompías en llanto que se quedara junto a ti. Edward tomó mis manos que se ubicaban en su pecho jugueteando con los botones de su camisa, queriendo deshacerlo y averiguar que había detrás de ellos. Besó sus nudillos.

-Tengo que irme o perderé el avión.-me explicó- Lo siento… pero no puedo quedarme.- <>. Me puse de pie y tomé mis cosas que se hallaban junto a él.

-Lo comprendo.-dije- tienes cosas que hacer. Tú tienes tu mundo, Edward. y yo no soy parte de el.- me giré para verlo la última vez y conservar una de sus miradas en mi memoria. Tenía rabia, debía confesarlo, odiaba que para el esto no hubiera significado nada más que un acto de caridad y lastima. las lágrimas volvieron a llenar mis ojos, comencé a caminar rumbo a la carretera. No sabía a dónde ir... pero lo que si tenía claro, era que quería marcharme.

Una mano fuerte me sostuvo del brazo, jalándome hacia atrás con suavidad y firmeza.

-¿Qué quieres, Edward?-interrogué con amargura rehusándome a verlo.

-Mírame-exigió.-por favor, ángel. mírame.- no quise hacerlo, mas Edward tomó mi rostro entre sus manos, haciendo que sus ojos y los míos se encontraran.

-Edward…-respondí en un suspiro esperanzador.

-La sudadera es mía.- el desencanto recorrió mi cuerpo, y de el dolor y la furia, le arrojé con brusquedad la sudadera a su rostro. Volví a caminar con rapidez rumbo a la carretera.- Espera!- me detuvo. Me giré involuntariamente bajo el hechizo de su voz.

- Aun no sé tu nombre.-<<¿mi nombre?, bah… para que finges. Sé que no te importo>>, cargada de rabia le respondí según mis impulsos, lo primero que se me ocurrió.

-Oh por supuesto, que descortés soy. Mi nombre es… VETE AL DEMONIO!.-le grité. No me detuve a ver la reacción que habían causado mis palabras en él, abordé el primer taxi que cruzó la calle y me encogí en el asiento trasero, lo ví borroso por la ventanilla del auto y estuve casi segura de que ví un rostro adolorido, pero no me hice ilusiones, no era más que lastima.

_Fin FlashBack_

La inseguridad volvió a rodearme con su fuerte lazo, casi estrangulándome. Mi pasado volvía para acabar conmigo y yo no estaba preparada para dar la pelea, Sin embargo; los últimos años llenos de frialdad me habían dado fortaleza, ojalá que fuera suficiente.

Edward…. Él conocía mi lado débil, ese lado que había enterrado, para que jamás volviera a nacer, ese lado del que hace mucho que no hacia uso. El lado que para todo el mundo excepto para mi, era oculto.

-Isabella. Ven aquí.-articuló Charlie con fingida cortesía y una sonrisa mas falsa que una moneda de cuero.- te estábamos esperando.

Bajé una escalón, ordenándole a mis piernas no flaquear, andar con seguridad y garbo. Bajé el siguiente y me sentí algo mas fuerte, no le iba a permitir a mi pasado ganarme esta vez. Yo iba a ser más fuerte, yo podría vencer. Charlie me tomó de la mano, ayudándome a bajar el último escalón. Traté de que mi rostro no demostrara lo incomoda que estaba con su gesto. Tan pronto pude, me liberé de el y dí a parar nada más y nada menos que junto a Edward. En el acto sentí el campo electromagnético envolviéndome y leve cosquilleo en mi abdomen…¿pero que diablos?,¿ qué era eso?.

-Estás hermosa.-murmuró Esme, abrazándome maternalmente.- y has crecido tanto.- se me hizo extraño su gesto, era demasiada alegría, por un simple reencuentro con una chica con la cual habías tenido muy poco contacto, sin embargo, acepte el abrazo mientras ese calor de madre me arropaba. Se sentía bien… como si ya no estuviera sola. luego de unos minutos, ella me soltó y pude ver algunas lagrimas empapando sus mejillas. Me sorprendí.

-Disculpa Is…-dijo secándose el rostro.- es la alegría de verte, cielo.

De seguro estaba embarazada o en uno de sus días…, Pensé.

-Buenas noches, Isabella.- continuó Carlisle con el saludo, sacándome de mis cavilaciones. Se acercó a mí y me dio un abrazo, después siguió Rosalie con un beso en la mejilla, que supe que escondía quizás algún insulto. Nunca no la habíamos llevado bien, me molestaba que ella fuera una creída y hueca y no esperaba ni creía que nuestra relación fuera a mejorar con el paso de los años.

- y tu…-tantee, dirigiéndome a Edward.- ¿quién eres..?- pregunté con total naturalidad, como si nunca lo hubiera visto en mi vida.

- El es Edward, tu primo. Quizás no lo recuerdes… él te cargaba en brazos cuando eras tan solo una nenita. Ha venido muy pocas veces a Forks, por lo que no creo que se hayan topado en los últimos años.- explicó Renée.

Créeme que si…

Edward avanzó hacia mí. Tomó mi mano con delicadeza, y depositó un suave y cálido beso en el dorso. Recordé las películas antiguas, llenas de caballeros de armadura, que besaban la mano de las damiselas.

-Edward Cullen- susurró.-un placer…- un escalofrío me recorrió el cuerpo, desde mi mano hasta el tope de mi cabeza, desde este a los dedos de mis pies. Retiré la mano en el instante en que él separó sus labios de mi piel.

- La cena está servida.- exclamó Emily en la entrada de la estancia con una charola en sus manos para recoger las copas,- Pueden pasar al comedor.- todos se dieron vuelta para observar a la chica y la siguieron rumbo al comedor hablando de nimiedades, y riéndose de ellas. Me dispuse a dirigirme hacia él, más una mano férrea atrapó mi brazo y me impidió continuar. Reconocí aquel calor familiar que había extrañado tanto, también el campo magnético que nos unía.

Me giré para encararlo. Sus esmeraldas estaban llenas de una combinación de emociones, vergüenza y arrepentimiento, y algo de éxtasis.

-¿Por qué no me dijiste que eras una Cullen?-. Quiso saber. Su voz emitía un tono tosco.

-¿Edward?, ¿Edward?- nos interrumpió la voz de la fastidiosa de su hermana.-¿Dónde estás?- él aprovechó mi descuido, me tomó fuerte de la mano y me jaló dentro del armario. Allí en medio de gruesos abrigos y algunos paraguas pude sentirlo más cerca, enloquecedoramente cerca. Entonces recordé su pregunta anterior y ya que no era propio de mí tratar con cortesía a alguien, y aun seguía algo dolida con él por haberme tenido lastima, le respondí bruscamente:

-Disculpa... pero no acostumbro a comentarle sobre mi árbol genealógico a un completo desconocido.- escupí las palabras.

- Lo siento, Bella…-se disculpó. Nunca antes me habían dicho Bella, pero debía confesar que me gustaba, o era solo de que sus labios salía perfecto.- No quise ser grosero, pero compréndeme, todo esto me toma por sorpresa. Tu…. Tu eres de mi familia, eres mi sangre… eres mi prima…- sus palabras me cayeron como un yunque sobre mi espalda. Nunca antes había odiado tanto que alguien me llamara “prima”

- No entiendo el por qué de tu preocupación. Entre nosotros no pasó nada. No tienes nada de que temer, Edward…-rezongué manteniéndome en mi posición de fría sin sentimientos.

-Sí, tienes razón….- dijo, con una voz tosca sin toque de felicidad.

-Edward Cullen, ¿dónde diablos te has metido?- preguntó Rosalie de nuevo, intentado dar con el paradero de Edward.- Edward!!!- Gritó de nuevo exasperada, pero ya se escuchaba un poco más lejos. Él se alejó de mi en el poco espacio que nos permitía el armario, abrió la puerta un poco y salió de la pequeña habitación.

Genial…Uno más en la lista de esta familia que me detestaba.

Esperé unos minutos más, para no levantar sospechas si alguien había visto a Edward salir del armario, y salí. Acomodé mi vestido y ensayé la sonrisa de alegría y satisfacción que tendría que mantener toda la noche. Con la sensación de que la noche no iba a transcurrir con normalidad, me dirigí hacia el comedor. Era una promesa…

-¿Dónde estabas?- inquirió Jessica, o más bien insinuó.

- En mi recamara.- respondí con total naturalidad.- buscaba el pendiente que me faltaba,- le dije enseñándole el objeto de bisutería azul.

-Veo que lo encontraste-repuso Charlie.-Ahora, por favor ten la amabilidad de tomar asiento.-señaló una silla en la lustrosa mesa, en medio de él y Jessica y justo en frente de Edward.

Que suerte la mía…y yo que deseaba ignorarlo…

Me senté en la silla contigua a Jessica e hice uso de todo mi autocontrol para no ver hacia el frente.

Emily junto con otras mucamas sirvieron las entradas, una ensalada mediterránea. Escondí varias sonrisas al ver a Jessica comer, era una autentica cerda. Al parecer, ni los años, ni el dinero podrían arreglar ciertas malas costumbres.

-Comes como un animal.-murmuré por lo bajo, para que solo ella y yo escacháramos.- creo que Babe el puerquito valiente come con más decencia que tu.-recalqué.

-Déjame en paz, Isfrikie.-rezongó con la boca llena de fetuccini y la barbilla llena de salsa especial de tomate.

-Ceeerdaaaa.-le susurré. La verdad estaba disfrutando en grande esto, ansiaba verla desesperada.-Eso es lo que eres una puerquita….

-Cállate, Cállate, Cállate!- murmuró exasperada. <>

-Nop.-dije sonriente.- Cerda…

-Isfrikie!, o te callas….-amenazó

-¿ o qué?, ¿qué vas a hacerme cerdita?-pregunté con dulzura, sin ningún temor. Su mano se aferró fuerte a la copa de vino y pude captar su negra intención. La muy ilusa planeaba echarme el vino encima, pero yo no se lo permitiría. Ella alzó la copa en dirección a mi, en un movimiento tan predecible y tonto, como su coeficiente intelectual, lanzó el liquido vino tinto hacia mí. Lo que ella no esperaba era que yo lo esquivara en un movimiento veloz, y aquel vino fuera a parar al rostro de Charlie. Esta vez no pude ocultar mi sonrisa.

-Jessica!!!-gritó Charlie cabreado. Se levantó de la mesa mientras miraba a mi hermana como si la quisiera matar<>

-Mi trabajo aquí ha terminado.-murmuré por la bajo y me levanté de la mesa, con una verdadera sonrisa de satisfacción en mi rostro.

Caminé a mi habitación con ese andar despreocupado característico mio. Me sentía bien por primera vez en mi casa. entré en mi sitio privado y para mi sorpresa, el medallón estaba sobre mi cama….

Que imbéciles…

Por lo visto, las cosas se estaban dando a mi favor. Había arruinado la cena, y ahora tenía el medallón de vuelta. Sin embargo; temía que mi suerte fuera a desaparecer en cualquier momento, no debía confiarme. El destino era impredecible…

<<>>

Tanteaba la piel de mi muñeca peligrosamente con el objeto filoso plateado. Leah una chica de la banda a la que pertenecía, me había sugerido hacerme una cicatriz con el logo de la banda, pues todos tenían aquella cicatriz incluyendo a Alice y yo era la única que faltaba. Jake, el bajista, se había ofrecido a sacarme aquella cicatriz, pero yo me negué. No podría imaginarme sus fuertes y grandes manos, haciendo aquel trabajo de tatuador con delicadeza. Prefería hacerlo yo misma.

Observé de nuevo el dibujo, improvisando con la pequeña cuchilla sobre mi piel con suavidad. Cuando estuve completamente segura, hice la primera incisión en forma vertical. De repente, la puerta se abrió de golpe y un “Bella” horrorizado, hizo que me clavara el objeto corto punzante aun más profundo. Me invadió un dolor fuerte como si me hubiera atravesado una bala.

Gemí de dolor, mientras trataba de sacarme la cuchilla de la muñeca, más mi mano temblaba tanto que temí hundirla más o rasgar más piel. El dolor era atroz… cerré mis ojos con fuerza, intentando calmarme para así poder retirar la cuchilla, al instante sentí unos dedos sobre mi muñeca que me impidieron retirarla. Abrí mis ojos y me encontré con unas esmeraldas dulces que me observaba preocupadas. Por acto reflejo, quité con brusquedad mi muñeca de sus manos.

-Déjame examinarla.-pidió- no sabemos qué tan profunda se te haya enterrado, y si habrá cortado alguna vena.

-No!- dije firmemente. Odiaba recibir ayuda. Odiaba sentirme débil.

-Por favor, Bella. No te hagas la fuerte en este momento. eso se te puede infectar…

- Tú no sabes nada de medicina.- le repliqué.- Yo puedo sola…

-Estudie 3 semestres de medicina en la mejor universidad de Londres.-admitió, haciéndome tragar mis palabras.-creo que estoy lo suficientemente capacitado para ayudarte con eso. Así que por favor, deja esos caprichitos de niñita de cinco años y permíteme revisarte.- le extendí mi brazo a regañadientes con las mejillas encendidas por haber perdido la discusión. Él observó mi herida por unos pocos minutos y concluyó:

-Parece que no es grave, pero debo curarte de inmediato.¿ Tienes un kit de primeros auxilios?

-En el baño hay uno.- respondí.

-Bien, entonces tendré que llevarte hasta allá.

-¿Llevarme?-pero mi pregunta no fue resuelta. Edward me tomó en brazos y me llevó hacia el baño.- ¿Esto es necesario, Doc.?

-No… pero quise hacerlo.- me dejó con suavidad sobre el amplio tocador y encendió la luz.- ¿dónde está el Kit?

- En la última gaveta.- dije señalando el pequeño compartimento. Edward sacó la caja blanca con una cruz roja en medio y buscó los implementos necesarios para suturar mi herida.

-Comenzaré por sacarte esa molesta cuchilla. Te va doler un poco, pero no te preocupes, todo estará bien.- cerré los ojos con fuerza, mientras que él aliviaba mi dolor poco a poco. Luego hizo todo el procedimiento de primeros auxilios, siempre estuve tomándolo fuerte de la camisa, la cual ya estaba arrugada de tantos jalones.

-Listo, he terminado….-anunció, levanté la mirada y observé mi brazo ya curado con una venda.

-Gracias…Edward…

-¿Por qué lo hiciste?-interrogó, ignorando mi agradecimiento.-Eres suicida ¿acaso’?.

-No.-respondí indignada y divertida por su suposición.- solo deseaba hacerme una cicatriz.

- Estás demente.-me reprochó.

-Edward!... es hora de irnos, ¿dónde estás?- gritaron en el piso de abajo, una mujer supuse que era Esme.

-Debo irme.-murmuró.- me bajé del tocador y lo miré fijamente. Me acerqué un poco a él- gracias de nuevo Doc. Le debo una.- le susurré en su oído, luego baje un poco más tanteando suavemente con mis labios el lóbulo de su oreja,¿ y la piel de su cuello en donde dejé un casto beso. Edward se acercó para besarme, más yo lo esquivé, haciendo uso del poco autocontrol que tenía. Yo deseaba más que él ese beso. Pero todo lo bueno se hace esperar.

-Aun no estás preparado…-le susurre sobre sus labios.-pero pronto lo estarás.-aseguré. Era definitivamente una promesa…

^_^

Hasta que al fin actualice, jajaja. Chicas, perdonen la demora, pero andaba corta de inspiración y por más que quisiera las palabras no me salian. Espero que este capi haya cumplido sus expectativas y lo hayan disfrutado en grande. No se olviden de comentar. ahh casi se me olvida, respondiendo a tu duda, Astrid. es Bella Swan Cullen

Saluditos,

Koko

lunes, 28 de marzo de 2011

Amar es destruir. Capitulo 2: Tu... ¿De nuevo?





Summary: Edward Cullen, un estudiante de medicina con un excelente futuro por delante, con una vida perfecta. Isabella Swan, una cantante de rock, con una promesa dolorosa. No volver a amar. Rebelde, atrevida y sin temor a decir lo que piensa, ella le dará un vuelco a toda su realidad... Dos polos opuestos reacios a caer en las redes de un amor prohibido.

Disclaimer: los personajes aquí presentados pertenecen a Stephanie Meyer.

Capítulo 2: Tú... ¿de nuevo?


Seattle, estado de Washington

Hoy

Solo un pesado ruido se escuchaba en la casa Swan Cullen; el sonido de una guitarra eléctrica rompiendo todos los niveles apropiados de ruido, haciendo retumbar las paredes. Mientras una voz, con un tono a veces fuerte y otros agudo, dejaba salir todos aquellos lamentos ahora convertidos en canción.

Isabella Swan, recitaba la canción de pies a cabeza como si fuera ella, quien la hubiera compuesto. Al igual que el cantante, ella también se desahogaba, en cada nota musical se hallaba una de sus penas, penas que ni los años habían logrado difuminar… el pasado se encargó de dejar cicatrices imborrables en su corazón...

Se juró no volver a caer, también no volver a amar. Decidió ser alguien totalmente diferente a lo que era, los valores que le había inculcado su abuela, Marie, quedaron en el olvido, nunca más se volvió a ver a la chica de ojos dulces y vestidos coloridos que paseaba por el jardín en busca de flores hermosas. En lo que jamás pensó que se convertiría, fue su orgullo desde ese momento. Alcohol, cigarrillos, música, noches que no parecían tener fin, vagando en cualquier lugar de la ciudad, se convirtieron en su realidad.

Sus padres la desconocían… siempre lo habían hecho…, para ellos, Isabella había sido una maldición, la deshonra de la familia, como solían llamarla, una mancha de café en un mantel impecable…. la despreciaban, por ser diferente, por no creer que el dinero lo era todo en la vida. Pues para Isabella, el dinero no era más que pedazos de papel con poco valor…

Sin embargo, ella estaba a condenada a nadar en dólares hasta el fin de sus días, su abuela, le había dejado toda su fortuna luego de su muerte, hecho que había provocado envidia y algo de hostilidad entre los miembros de su familia y ella.

A pesar de que no necesitara el dinero Isabella prefería trabajar y ganarse por si misma sus ingresos dando toques con su banda “Bad Obsession” en algunos establecimientos nocturnos de Seattle. Si, de esta forma se ganaba la vida, con su maravillosa voz y con su agilidad con la guitarra.

-Señorita Isabella.-le dijo por encima de la música, Emily, una de las mucamas, en la puerta de su habitación. Isabella no le profesaba afecto, pero tampoco desdén, dejó a un lado su colección preciada de Cd’s de Heavy Metal que había estado apilando sobre una repisa, y le bajó un poco el volumen al reproductor de música que emitía todo aquel pesado ruido. Respondió con uno de sus típicos monólogos cargados de frialdad.

-¿Qué?

- sus padres acaban de llegar, junto con la Señorita Jessica.-le informó Emily.

-¿Y?- preguntó Isabella sin mucho interés. Desde hace meses que a ella le tenía sin cuidado lo que pasara con Charlie y Renée y muchos menos lo que pasara con la hipócrita de su hermana.

- Quieren hablar con usted, ahora. Le exigen que baje a la sala inmediatamente.- a Isabella le pareció extraño que sus padres pidieran su presencia. En los últimos años jamás lo habían hecho. Renée, Charlie y Jessica, tenían su vida a parte a la de ella, los tres caminos iban por el mismo rumbo, pero el de Isabella iba en el sentido opuesto.

-Diles que no bajaré, Emily. Total, lo que me vayan a decir me vale…- respondió ella volviendo a su actividad, le subió el volumen a su reproductor de música dando el tema por zanjado. Pero a pesar de lo alto del sonido, pudo reconocer la molesta voz de su hermana:

-Isfrikie!-la llamó Jessica, entrando en su habitación. Isabella detestaba que la llamaran de esa forma.- sabía que te rehusarías a bajar.- le subió más volumen a la música silenciando las palabras de su hermana, Jessica continuó subiendo un poco la voz: - por la tanto, ya había ingeniado un plan…así que si quieres recuperar el medallón de la abuela, más vale que bajes, Isfrikie…- esto último si captó la atención de Isabella quién se giró para ver a su hermana, esta ultima tenía el medallón que su abuela le regaló antes de morir, lo balanceaba entre sus dedos alardeándolo frente a Isabella.

Maldita sea!, por qué lo tuve que dejar sobre la mesa. pensó

-Devuélveme eso!-dijo furiosa, odiaba que Jessica tocara sus cosas, y mucho más odiaba que se metiera con sus objetos más preciados como lo era aquel medallón dorado.

-No.-dijo la chica rubia.-si no bajas en éste instante, jamás lo recuperarás. Así que, qué esperas isfrikie, Muévete…!- Isabella se dirigió hacia la puerta a regañadientes, no sin antes enseñarle el dedo corazón de su mano derecha a Jessica. Caminó con rapidez deseando terminar con esto de una vez por todas. Bajó las escaleras, y allí se encontró con el hombre de corbata, y la mujer de vestidos elegantes que desde hace tanto desconocía.

-Querida.- le dijo con una sonrisa hipócrita su padre, bebió un poco de su whisky y con un ademán de mano la invitó a sentar, invitación que ella rechazo negando con la cabeza.

-Suéltenlo ya.-les insistió la chica mirándo con hostilidad al par de desconocidos que se hacían llamar sus padres.

-Necesitamos pedirte un favor.-comenzó Charlie.- y en verdad necesitamos que nos colabores con esto, es muy importante, para el futuro de nuestra familia.-Vaya Familia…. Se burló Isabella internamente. Esto no es más que un disfraz ante la sociedad… ambos se son infieles en sus malditos rostros, y la hija que concibieron no es más que una interesada que solo ama su dinero.

-Lo que pase con esta “familia” dejó de importarme desde hace mucho.- replicó- …y si no es más, me largo.- dijo, girando sobre sus talones.

- Espera un momento, jovencita.-le dijo Renée, deteniéndola en las escaleras, Bella se giró con un movimiento brusco, y miró a su creadora con desagrado.

-¿Qué?

-Tu aún eres parte de esta familia. Así que lo mínimo que debes hacer, es corresponder a todos estos años que Charlie y yo te hemos dedicado. Lo que te vamos a pedir no es mayor cosa, Isabella. Solo escúchanos por favor.

-¿Dedicado?-replicó ella furiosa.- por favor… si mientras tú te la pasabas de almacén en almacén, gastándote a manos llenas el dinero que Charlie con sus negocios raros producía, yo me quedaba aquí, hundiéndome en la soledad… sin que a ninguno de ustedes dos les importara en lo más mínimo.- Renée se quedó allí envarada, mirando con ojos extraños a la mujer en la que se había convertido su “hija menor”. Isabella ya no era la misma niña tonta que se dejaba manipular por sus padres, desde hacía mucho que ella había dejado aquel camino. Sin embargo, Charlie tenía otro plan entre manos para manipularla,

-Bien, entonces olvídate de tu medallon,porque nunca lo tendrás de vuelta a menos de que accedas a ayudarnos- la habían atrapado al igual que a un león indomable en las redes de un cazador. Ella suspiró frustrada. Isabella amaba a aquel medallón, era uno de los pocos recuerdos que le quedaban de esa maravillosa mujer, después de varios segundos cavilando ella accedió:

-¿Qué es lo que quieren de mi?- interrogó.

-Es sencillo, Isabella. Lo único que queremos es que te quedes a cenar con nosotros…

-¿Por qué?- quiso saber la joven; era muy extraño que sus padres quisieran su presencia a la hora de la cena, normalmente ella cenaba sola en el inmenso jardín, alrededor de la piscina, lo más lejos de sus padres y su hermana.

-¿Recuerdas a tu tío Carlisle y a su esposa, Esme?-le preguntó Charlie, ella negó con la cabeza y los labios tensos formando una línea en su boca.

-Acaban de llegar de Londres y tienen mucho dinero para invertir en la empresas Cullen- unos desafortunados más que caían en los juegos sucios de Charlie.

- y.. ¿ yo qué tengo que ver con sus “negocios”?

-Mucho.- intervino Renée.- queremos darle la imagen correcta de esta familia a Carlisle y a su esposa. De esta forma no dudaran en colocar todo su dinero a nuestra merced.- su familia si que no tenia escrúpulos, no les bastaba con las miles de personas que engañaban y estafaban a diario en The Cullen’s, que ahora también querían hacerlo con miembros de su propia familia.

-Son tan estúpidos…- murmuró Isabella.- que ustedes estén ciegos, y no se den cuenta de la miseria en la que se ha convertido ésta familia, no quiere decir que todos estén tan distanciados de la realidad…

-Te exigimos respeto Isabella Marie Cullen!-.gritó Charlie exaltado, ella rió.

-No pueden exigir lo que nunca han dado. Una prueba de el poco respeto que me tienen es este jodido chantaje!

-La cena de esta noche es muy importante, Charlie.-reiteró Renée. Este intentó calmarse un poco; bebió del whisky del vaso de cristal y continuó con un tono un poco más calmado para dirigirse a su hija:

-¿Vas a cooperar si, ó no, con nosotros?, recuerda que ese patético medallón está en juego…-

-No hay forma.-les dijo intentando salirse de alguna forma de aquel problema. Sin embargo; no sería tan fácil No puedo pasar como aquella tontita niña que fui hace años… para su información crecí.- Isabella tenía razón, ella había crecido tanto mental como físicamente; su cuerpo se había desarrollado a la perfección, dejando al descubierto a una jovencita muy hermosa, bueno… a su manera. Con sus pocos tatuajes y perforaciones, bien ubicadas en su cuerpo, y con su rebelde forma de vestir, ella cautivaba a cuanto hombre se le pasara por enfrente sin ni siquiera desearlo… no quedaba rastro de la niñita que había sido anteriormente.

-Tiene razón.-añadió Jessica, quién había estado extrañamente en silencio- No hay forma de convertir esto, en una persona decente- la aludida sintió un deseo inmenso de tomar a Jessica por los cabellos y arrastrarla por el reluciente piso.

-De eso se encargaran ustedes dos.-Explicó Charlie.- de convertir a Isabella en una jovencita a la altura de nuestra familia.- O sea que, bajaré un poco más de categoría. Renée y Jessica se miraron la una a la otra atónitas por la petición que el señor Swan acababa de mencionar.

-¿Nosotras?!-inquirió Jessica.

-Si ustedes.-afirmó.- Tú eres su madre y tu, su hermana. Además, ambas tienen un muy buen gusto, pueden convertir a Isabella en una princesa digna de esta familia.-Consideró Charlie. Isabella se limitó a hacer silencio, intentaba maquinar un plan para recobrar su preciado medallón, más a medida que lo pensaba y lo pensaba, sus posibilidades se reducían a cero. Su rebeldía no iba a funcionar para nada en este planeado chantaje…

- ¿y por qué no lo hace Emily?. Ella ha convivido muchos años con nosotros, debe haber aprendido algo sobre glamor.-Dijo Renée intentando salirse por la tangente. Isabella gruñó. Era evidente que ni su madre ni su hermana la querían cerca. A pesar de los años a Isabella no había dejado de afectarle ello, le afectaba con menos intensidad por su puesto, pero una madre era una madre, y por más que quisiera que así no lo fuese, las leves punzadas de dolor atravesaban su maltratado corazón.

-Si, que lo haga Emily. Ellas dos sabrán como arreglárselas.-añadió Jessica. Su padre bufó, pero accedió al final. La hija rechazada por los miembros de su familia desapareció por las escaleras rumbo a la habitación. No pudo retener un par de lagrimas escurridizas y traicioneras que pugnaban por salir. Se deslizó en el suelo de madera con la espalda pegada a la puerta, maldiciéndose por sentir aun aquellas punzadas de dolor, que la hacían sentirse débil.

La hora de la cena acechaba a Isabella con rapidez, los minutos se desvanecían frente a sus ojos dejándola sin opciones. Buscó el medallón en cada rincón de la casa, más no encontró ni huella de este, al parecer el destino quería que hiciera parte de aquel circo mal montado por sus padres.

Junto con Emily se la habían pasado toda la tarde encerradas en su habitación buscando el vestido, los zapatos, el peinado y el maquillaje correcto para la cena. Isabella hubiera querido que su duendecillo, gurú de la moda y mejor amiga, Alice, la ayudara con esto. Sin embargo; ella estaba en una “cita” con un chico que había estado acortejándola hace unas cuantas semanas y ella no quería dañarle su felicidad por los estúpidos engaños de su familia.

-¿Qué le parece éste?-Dijo Emily enseñándole un vestido de corte imperial muy llamativo. Ella hizo un gesto como si fuera a vomitar en señal de que era desagradable, Emily río, a decir verdad todos le parecían de esa forma, no eran su estilo, además eran los típicos vestidos repletos de lentejuelas y brillo que le recordaban a las esferas de discoteca. Jessica a regañadientes le dio una de las colecciones de vestidos que compró el mes pasado en la Boutique más costosa de Forks, a pesar de esto, los vestidos ya iban rumbo a la basura. Aunque Jessica hubiera preferido que fueran a parar a dicho lugar que en las manos de Isabella.

-Siguiente.-dijo con un tono monótono mientras retocaba el esmalte negro de sus uñas.

-Ese era el ultimo Señorita Isabella.- respondió Emily, observando la cama vacia. Se le habían acabado las opciones, Isabella suspiró frustrada.

-Estoy harta de esto!.-dijo furiosa.-no soy una de ellos…

-No desespere….usted no puede dejar vencerse así fácil. Recuerde que el medallón de su abuela está en juego.-la alentó.

-Lo sé, pero es como si la vida estuviera en mi contra,-unas golpecitos se escucharon en la puerta de la habitación interrumpiendo a Isabella, Emily corrió a abrir la puerta, y detrás de esta apareció Alice Brandon con una mochila de diseñador en su hombro derecho.

-¿Alice?-preguntó incrédula.-¿qué haces aquí?

-Yo la llamé, Señorita Isabella. Perdone el atrevimiento, pero creo que es lo mejor para usted.- Isabella se alegró de tener a su mejor amiga junto a ella. Pero también se molesto por arruinarle su cita,

-Esta bién, Emily. Pero no era necesario, yo podía arreglármelas sola.

-Claro que no.-la contradijo Alice con una sonrisita.- soy la mejor consultora de moda de todo el país, y tu, por lo que veo, me necesitas, así que cierra la boca tenemos mucho trabajo que hacer.-ella se rindió torciendo el gesto. era caso perdido pelear con Alice, ella siempre acababa ganando la batalla.

-Les traeré unas bebidas.-anunció la joven mucama retirándose de la habitación. Dejando solas así a las dos chicas. Alice comenzó con el interrogatorio.

-¿Qué sucedió, Cherry?- quiso saber, llamándola por su nombre artístico. Isabella odiaba que la llamaran por su nombre de pila y también por los diminutivos de este. Así que para el resto del mundo, excepto para su familia, ella era conocida como Cherry, en honor a su canción favorita de las Runaways y tambien porque la cereza era su fruta predilecta.

-Lo de siempre. Mi vida es una mierda, Al. No sé ni por qué existo…

-¿Tu familia de nuevo?-ella asintió con una sonrisa triste.

-No sé si le podría llamar de esa forma, si no fuera porque las pruebas de sangre demuestran lo contrario diría que soy adoptada.

-¿Qué te hicieron?-preguntó Alice preocupada y con un poco de ira sembrado en sus ojos. Ella e Isabella poseían una conexión especial, eran amigas desde hace unos pocos años, pero los cuales fueron el tiempo suficiente para que el lazo de la amistad se fortaleciera hasta ser irrompible. Defendían a la otra con uñas y dientes sin importar las circunstancias, y hasta eran capaz de dar la vida si fuera necesario. Isabella concebía a Alice como una de las pocas cosas que le había regalado su infeliz vida para consolarse. Y lo agradecía, porque sin Alice iluminando sus noches oscuras, no existiría Isabella Cullen.

-Son unos malditos chantajistas!- gritó amargamente- quieren que cene con ellos esta noche para que puedan consumar uno más de su negocios sucios… y si no lo hago, jamás tendré de vuelta el medallón de Marie.- Alice tomó las manos de su amigas entre las suyas reconfortándola y tratando de contenerse y no ir a gritarles unas cuantas palabras que no cabían en el contexto de los modales a los padres de Isabella.

-hay algo más…-fue una pregunta no una afirmación. Alice captaba en la voz de Isabella que algo aparte del dolor por el chantaje, la conexión que había entre ellas dos le permitía sentir aquello que Isabella no decía con las palabras, ambas se conocían como las palmas de sus respectivas manos, era imposible mentirse o ocultarse las cosas. Isabella negó con la cabeza y desvió su mirada de la de Alice. Sentía ganas de ponerse a llorar, algo extraño en ella, ya que nunca estuvo tan sensible, nunca le había dolido tanto su soledad.

-Cherry…

-No Al... Estoy bien.-insistió ella. La chica frunció los labios, pero no siguió presionando a Isabella, en vez de eso siguieron con los preparativos para la cena.

El crepúsculo cayó pronto dejando al descubierto una noche estrellada en la cual la lluvia tan característica de Seattle no se hizo presente, Edward Cullen lo consideró un presagio que anunciaba que la velada con su Tía Renée y su esposo iba a ser todo un éxito A él no era que le interesasen mucho los negocios, más su padre, Carlisle, le había dado vital importancia a que su hijo adquiriera conocimientos en el mundo de los negocios. Para Edward Cullen lo más importante era su carrera, ser uno de los mejores médicos del país. Su vida estaba completamente planeada; irse fuera del país al terminar sus estudios, establecerse en Italia junto con Tanya, su novia, tener hijos… y un montón de predicciones más que tienen las personas comunes y corrientes. más con lo que él no contaba era que desde hoy las cosas no volverían a ser igual.

-¿Estás listo, Edward?-le preguntó Esme, su madre, al otro lado de la puerta.-llegaremos tarde!

-Lo sé... solo dame unos segundos.-se arregló un poco el cabello rebelde hasta dejarlo prolijo y se enfundó en el saco negro que tenía en el borde de la cama, un último vistazo en el espejo y abrió la puerta.-listo.-le dijo con una sonrisa a Esme. Ella lo tomó de gancho y juntos bajaron las escaleras rumbo al auto.

Cuando llegaron a la residencia, se encontraron con una casa blanca bien proporcionada de dos pisos, rodeada de luces cálidas que adornaban todos los rincones del jardín invitándolos a seguir.

-Muy pintoresco.-murmuró su hermana Rosalie a su lado, Edward asintió observando la fachada de la casa mientras caminaba, concentrándose en cada detalle, tratando de apaciguar los inexplicables nervios que bullían dentro de el al haber pisado territorio Swan Cullen. Eran unos nervios inexplicables que se asemejaban un poco más a las mariposas en el estomago que se tenían cuando se era un adolescente hormonal y se iba en busca de la persona que se amaba.

Una de las mucamas les abrió la puerta y los invitó a seguir guiándolos a la sala de estar, allí los esperaba Charlie con una sonrisa hipócrita que escondía problemas.

-Bienvenidos!-los saludó. Y entre estrechadas de mano y besos en la mejilla a las mujeres los invitó a tomar asiento. Edward aun seguía nervioso, intentando disimularlos y encontrar la causa. Se sentó en un sillón que daba vista hacia las enormes escaleras de mármol, que le recordaron a aquellas de los cuentos de hadas en los castillos.-¿Renée y Jessica vendrán en un momento, Desean beber algo?

Edward se sumió en su propio mundo, volviendo al libro que había dejado inconcluso aquella tarde, del amor y otros demonios, estaba en la parte en la que la chica le hace comer a Cayetano Delaura una cucaracha del suelo la celda del manicomio. De repente, luego de muchos minutos en aquel letargo, un nombre, que desde aquel día tendría muy presente en su mente, que lo atormentaría día y noche, lo sacó de sus cavilaciones.

-¿y la pequeña Isabella?-le preguntó su padre a Charlie. Edward no recordaba haber conocido a ninguna Isabella, pero por lo visto su padre si lo hacía y la necesitaba presente. Sin embargo aquel nombre le caló hasta los huesos y sus nervios comenzaron a bullir con mayor intensidad.

-Bajará en un momento.-respondió el anfitrión de traje.-ya sabes cómo son las mujeres, el espejo no las deja salir de la habitación…

¿Quién es Isabella?, continuó preguntándose.

-Señor.-lo llamó la mucama con una charola en las manos.-desea una copa.

-Eee.. si- admitió dubitativo, tomando una copa de vino tinto de la charola. La bebió lentamente apreciando la uva en todo su esplendor, saboreando una y otra vez con sus papilas gustativas el refinado licor.

- y dime, Edward… ¿qué tal Londres?- le preguntó la chica rubia de al lado con un tono seductor. Gracias a su belleza, Jessica había fijado ya sus ojos en él, este ya estaba en la lista de sus conquistas y ella no perdería ni un segundo a su lado, comenzando desde ahora. No le importaba que aquel chico fuese su primo, muy bien decían que: “entre primo y primo más me arrimo”.

-Excelente.-respondió sin mucho entusiasmo. No era su intención entablar conversación con nadie, sin embargo, sus modales lo empujaban a corresponderle la palabra a Jessica.

-Fui a Londres el verano pasado y creo….-Edward escuchó el resonar de unos tacones contra la madera lo suficientemente bajo para captar su atención y desviarla de la parlanchina de Jessica que aun no paraba de hablar. Los pasos se escucharon más cerca y el los fue siguiendo en su mente, pero a quién pertenecían…Un, dos, tres, cuatro… más fuerte y se detuvieron, el latido de su corazón era errático, más no sabía el por qué, alzó la vista de la copa de vino tratando de calmarse y se encontró, en lo más alto de las escaleras, los ojos más hermosos que alguna vez contempló, aquel suculento color chocolate le trajo algunos vagos recuerdos de un lugar lejano en su mente…

Un parque, una chica frágil, lagrimas, dolor, un abrazo, Todo pareció tener sentido… a Isabella se le heló la sangre, mientras un color rosa comenzaba a subirle por las mejillas. Ambos pronunciaron silenciosamente y al tiempo el mismo juego de palabras:

-Tu... ¿de nuevo?

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Espero que les haya gustado el capi, no olviden que me gusta leer sus coments, saber lo que piensan sobre los fics

PD: pronto publicaré el Capi de Odio Amarte Tanto…

Nos leemos pronto!

Tati G.